ECLIPSE
Cuando pienso en Eclipse, imagino las profundidades del mar, un mar que podría contemplar indefinidamente.
El mar puede ser magnífico, pero también puede dar miedo. Más allá de ese miedo están la confianza y una versión de mí mismo movida por la curiosidad. No se puede entrar en el mar sin conocerse a uno mismo. Con estos pensamientos en mente aprecio el tono Eclipse. Quizá Eclipse sea el color que inspira confianza.
Cuando contemplo el mar, mi mente divaga: cómo quiero vivir, el camino que sigo, lo que deseo lograr a continuación, adónde quiero ir, lo que deseo y a quién tengo ganas de ver. El color de las profundidades marinas de Eclipse crea ese espacio propicio para una reflexión serena.
Y siempre me pregunto qué hay más allá de ese mar. ¿Será Japón? ¿Nueva York, donde viví en otro tiempo? ¿O París, donde vivo hoy?

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